Canto Lenca por Honduras
Delta de tierra angosta en apretado abrazo oceánico.
Hoy te veo alzada desde el andar profético de tus raíces.
Te has descubierto al mundo en la pus maloliente del mal que te sembraron traidores hechiceros.
Los pasos de tu pueblo firme lamen con su amor tu tierra adolorida.
Van curándote los campesinos alambrados en la noche.
Van sanándote las juventudes sin herencia que se enamoraron copiosos de un chispazo del amanecer.
Van exorcizándote las abuelas que oyeron a lo lejos el último clamor del cacique degollado.
Van a tientas en la penumbra de los acantilados los hijos de una patria aún por nacer.
Una jauría de hierros, papeles y sotanas, uniformes mutantes siempre ajenos, metralla en corbatas de luna muerta, la oscurana feudal que nos azota.
Es la calamidad de ser patio de alguien apasionadamente descorazonado.
Es la terrible soledad de venir de una historia impunemente olvidada.
Es la esclavitud nunca clausurada revivida en túneles de abismo.
Y el pueblo respondiendo paciente con el voceo ancestral del irredento.
Entonces se planta guasábara a las odiosas emboscadas del averno.
Entonces el proletario de sangre india blande macanas de la sapiencia.
Los surcos se contentan de sudor y el grano de maíz canta victorias.
Se ve venir la victoria sobre esos hombros azules de lencas alados que se hermanan.
Se ve que cruje el invasor amargo al son de la danza futuro colectivo.
Se ve que el sol se ha multiplicado en múltiples miradas de flechas incendiarias.
Es que están cantando patria floridas bandadas de guara roja.
Es que saltan lluvias de venados por el bosque amado de la paz de Honduras.
Es que un mar de orquídeas hace alfombra patria para el que regresa.
Es que la victoria viene embalsamada en flor de candela y aires de copal.